Auschwitz: el muro de los fusilamientos

Xabier Villanueva | 15 de febrero de 2012
muro fusilamiento auschwitz

Fotografía del muro de los fusilamientos en el interior del Museo del Holocausto judío de Auschwitz

La congoja que uno siente al verse tan insignificante como una mota de polvo es indescriptible. La boca se reseca, el lagrimal se despereza con la sacudida de un temblor de tierra, los músculos se contraen formando una masa sin movilidad y la mente se pierde en un presente en el que las agujas del reloj son incapaces de continuar su marcha. El campo de concentración de Auschwitz es uno de esos lugares en los que cuesta respirar, bien porque nuestros ojos han visto la barbarie de las pruebas de los crímenes, o bien porque hemos descendido al inframundo, allá donde nos aguarda la cárcel dentro de la cárcel.

Las piedras esparcidas por el tortuoso sendero, que sirve de pasarela a los barracones, se balancean como ovillos a nuestro caminar. El destino es incierto, caústico cuando cruzamos una alambrada de ladrillo y vemos enfrente de nosotros el que fuera el final para muchos de los prisioneros de Auschwitz; el dulce final, ya que quien perecía en el muro de los fusilamientos se evitaba la picadura del gélido invierno de Polonia. Era, por increíble que parezca, la única manera con la que los presos recuperaban parte de su desaliñada dignidad.

patio muro fusilamiento auschwitz

Visitando el patio que alberga el muro de los fusilamientos en Auschwitz

El muro, la réplica del muro, cobra vida bajo sus pies, donde aguardan, bucólicos, los ramos de flores que aparecen al alba repletos de color y desaparecen en el ocaso al marchitarse a costa de un viento traicionero. El bloque de hormigón tiene una mirada penetrante, como crepitante debía ser su rostro al recibir el impacto de las balas alemanas y el inconfundible redoble de cuerpos inertes al caer al suelo como sacos de cristales rotos.

Si osamos mirar a los laterales, comprobaremos cómo los párpados de las ventanas están cerrados a cal y canto. Ellos no quieren volver a observar el pasado del paredón, como tampoco se atreven a relacionarse con los testigos que enmudecieron mientras tuvieron lugar las atrocidades. Nosotros nos hallamos en medio de esa mueca de silencio, sintiendo en nuestras carnes el leve zumbido de la muerte. El sonido es discreto, flemático, tan anónimo que te quema por dentro.

saliendo muro fusilamiento auschwitz

Palpando la soledad a la salida del muro de los fusilamientos de Auschwitz

El tiempo en el que permanecemos en el patio se desentiende de la realidad, cambiando el orden establecido y sumergiéndonos dentro de una esfera en la que nuestros pensamientos son lobotomizados. Es tal la sensación de ingravidez, causada por unos hechos que sucedieron de verdad en ese preciso lugar, que hasta la salida de ese laberinto de horror no somos capaces de volver a nuestro ser.

Auschwitz, pese a desvirtuar su significado a causa de los turistas, es un destino altamente recomendable aunque implique sentir un torbellino de emociones. ¿Qué otros lugares esconde? Los iremos descubriendo, no os preocupéis.

Fotografías | Xabier Villanueva Amadoz
A vista de pájaro | Google Maps
En Viajeros Blog | Visita a Auschwitz: precios, horarios y cómo llegar y Auschwitz: información e historia

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Un Comentario

  1. Patricia Chimeno
    Publicado el 15 febrero, 2012 a las 8:29 pm | Enlace

    Desde el primer momento que entras en este campo de concentración empiezas a sentir algo que no has experimentado en otros lugares. Desde luego, como dice Xabi, es un torbellino de emociones inquietante

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