El Juego de las Caras, una tradición calzadeña

Miles de personas se congregan en Calzada de Calatrava el Viernes Santo para hacer sus apuestas en el llamado Juego de las Caras. Esperan expectantes que el azar se ponga de su parte
25 de marzo de 2013
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Los apostantes depositan su dinero en el suelo, esperando a que el banquero iguale su cantidad | Rincón Calzadeño Manchego

Ahora que llega la Semana Santa, desde Viajeros Blog nos hemos propuesto demostrar que esta festividad puede concebirse como algo más que procesiones. Para ello nos trasladamos hasta Calzada de Calatrava, en la provincia de Ciudad Real. Allí conoceremos el Juego de las Caras, actualmente la única fiesta profana que en tiempo de Cuaresma celebra la comunidad manchega.

Esta localidad de algo más de 4.500 habitantes, mi pueblo natal y cuna del director de cine Pedro Almodóvar, puede casi duplicar su población el Viernes Santo, día en que personas de toda la región, e incluso de diversos puntos del país, se trasladan movidos por la curiosidad que les despierta esta tradición, declarada fiesta de interés turístico regional en 1993.

El azar reúne así a cientos de personas que, formando círculos en las calles, se apuestan pequeñas, medianas o grandes cantidades de dinero. El juego cuenta en esencia con tres roles: el baratero (encargado de organizar y dirigir la partida, velando por su buen desarrollo), la banca y los puntos o apostantes.

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El ‘baratero’ y el banquero se sitúan en el interior del corro; los puntos les rodean | | Rincón Calzadeño Manchego

Las apuestas de los puntos (unos 20-30 por jugada) tienen como límite el fondo del que disponga la banca (una única persona), que ha de cubrir cada una de las cantidades depositadas por estos. Una vez haya quedado fijado el dinero que cada uno decide arriesgar, aparecen los protagonistas de la partida: dos reales alfonsinos, monedas también conocidas como “piezas”, en torno a las que gira toda la mecánica del juego y que determinarán la suerte que correrán sus participantes.

El banquero lanza al aire las piezas. Si ambas son cruz, ganan los puntos, recuperando su dinero más la parte que apostó la banca. En otras palabras, doblan su apuesta. Si ambas son cara, ocurre lo mismo a la inversa, siendo esta vez la banca quien se embolsa todo lo apostado. Si sale cara y cruz, simplemente se vuelve a tirar.

Resulta llamativo observar como todos, muy expectantes, miran al cielo y esperan a que el banquero “cante” el resultado: “¡Cara!”, “¡Cruz!”.

Los hay que dicen que esta “timba multitudinaria” tiene su origen en la pasión de Cristo, cuando los romanos, tras haber despojado a Jesús de las túnicas que portó hasta el Calvario, decidieron rifarse quién se las quedaba. Así, ante las críticas de aquellos que alegan que hay que guardar respeto a la muerte de Cristo, muchos justifican que este es un episodio más de la historia del Señor.

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La plaza, preparada para la tradición, tiene círculos pintados en el suelo, para servir de guía a los corros | Rincón Calzadeño Manchego

Desde aproximadamente las 10 de la mañana hasta que comienza la procesión del Santo Entierro podemos encontrar corros allá donde vayamos: en las calles, en los bares… ¡incluso en las casas!

Son abundantes y variopintas las anécdotas alrededor de Las Caras. Muchos dicen que ahorran durante todo el año para jugárselo el Viernes Santo. Otros que llenan el depósito del coche para al menos poder volver a casa si pierden todo el dinero. Lo cierto es que suele precisarse que los cajeros automáticos de Calzada se repongan varias veces a lo largo del día.

Y es que al margen de todo el entusiasmo y emoción que el juego pueda generar, el ambiente es también inmejorable. El pueblo se llena de vida, y allá donde vayas encontrarás a lugareños y visitantes disfrutando de sus rincones, su deliciosa gastronomía y la compañía de sus gentes.

Artículo escrito por Alba Felipe González.

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