Colombia
Panamá es mucho más que su canal: islas caribeñas, selva, comunidades guna y un casco antiguo colonial. Te contamos qué ver y cómo aprovechar un destino pequeño y sorprendente entre dos océanos.
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Panamá
Pocas capitales ofrecen tanto contraste en tan pocos kilómetros. El Casco Antiguo, Patrimonio de la Humanidad, combina iglesias, plazas y balcones restaurados con terrazas donde se cena frente a la bahía, mientras al otro lado se recorta un skyline de torres de cristal. Muy cerca están las ruinas de Panamá Viejo, la primera ciudad, arrasada por el pirata Henry Morgan en el siglo XVII. Y, por supuesto, está el canal: desde el centro de visitantes de las esclusas de Miraflores verás cómo un enorme carguero sube o baja entre dos océanos como si fuera un juguete.
En el Caribe, las islas de San Blas forman parte de Guna Yala, una comarca gobernada por el propio pueblo guna. Aquí no busques lujo: duerme en una cabaña sencilla, nada entre palmeras y compra una mola, el colorido textil que cosen las mujeres gunas. Más al oeste, junto a Costa Rica, el archipiélago de Bocas del Toro añade casas de madera sobre el agua, bahías de delfines y un ambiente relajado. En el Pacífico, la isla de Coiba, parque nacional, atrae a quienes bucean en busca de tiburones y tortugas.
Boquete, en las tierras altas de Chiriquí, regala un clima fresco, cafetales y senderos alrededor del volcán Barú, el punto más alto del país. Prueba aquí el café geisha, una variedad muy apreciada. La selva del Darién impresiona por su biodiversidad, y conviene recorrerla con guía.
La estación seca, de diciembre a abril, es la más cómoda en la mayor parte del país, sobre todo en la vertiente pacífica. Como las distancias son cortas, en diez días puedes combinar ciudad, montaña y mar sin grandes prisas.