Andalucía
La Alhambra, el Albaicín y las tapas hacen de Granada una ciudad que enamora. Consulta nuestros artículos para planificar tu visita a la joya nazarí.
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Hay monumentos que superan cualquier expectativa, y este es uno de ellos. En los Palacios Nazaríes, el yeso labrado y los azulejos alcanzan una delicadeza asombrosa, y el Patio de los Leones es el momento culminante de la visita. Completa el recorrido por la Alcazaba, con su torre de la Vela, y los jardines del Generalife, donde el agua suena en cada rincón. Reserva la entrada con semanas de antelación, sobre todo en primavera: las plazas son limitadas y vuelan.
Frente a la Alhambra sube el Albaicín, antiguo barrio andalusí de cuestas, cármenes y aljibes, Patrimonio de la Humanidad. Al atardecer, el mirador de San Nicolás regala la vista más famosa de la ciudad, con la fortaleza encendida y Sierra Nevada al fondo. Más arriba, el Sacromonte conserva sus casas-cueva, tradicional hogar de la zambra flamenca gitana. Baja después por la Carrera del Darro y el paseo de los Tristes, uno de los rincones más románticos de España.
En el centro, la catedral renacentista convive con la Capilla Real, donde reposan los Reyes Católicos, y con la Alcaicería, un pequeño laberinto de tiendas que recuerda el antiguo zoco. Llegada la noche, disfruta de una de sus mayores tradiciones: en muchos bares, cada bebida viene acompañada de una tapa. Prueba la tortilla del Sacromonte y, de postre, un pionono de Santa Fe.
Otra ventaja de Granada es su entorno. En menos de una hora puedes estar esquiando en Sierra Nevada, y la Alpujarra, con pueblos blancos de tejados planos como Pampaneira o Trevélez, ofrece unas rutas preciosas. La costa tropical y Salobreña también quedan cerca. Primavera y otoño son ideales: en verano aprieta el calor, y en invierno la nieve corona las vistas.