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Volcanes activos, playas de arena negra y olas legendarias hacen de Hawái un paraíso del Pacífico. Descubre qué ver en sus islas y cómo elegir entre ellas.
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Hawái
Hawái
Hawái son varias islas muy distintas y merece la pena combinar al menos dos. Oahu es la más animada: Honolulu tiene la playa de Waikiki a sus pies y el cráter de Diamond Head como mirador. En Pearl Harbor, el memorial del USS Arizona emociona por su sobriedad. Sube luego a la North Shore, donde en invierno las olas gigantes reúnen a los mejores surfistas del mundo, y disfruta en verano de un mar mucho más tranquilo.
Ver salir el sol desde la cima del Haleakalā, un enorme volcán durmiente, es una de esas experiencias que justifican el madrugón; abrígate porque arriba hace frío. La carretera de Hana, con sus curvas, puentes de un carril y cascadas, atraviesa la vegetación de la costa norte.
Kauai es la más verde y salvaje. Los acantilados de la costa de Nā Pali se ven desde el mar o desde un helicóptero, y el cañón de Waimea sorprende con sus paredes rojizas. No es casualidad que el cine la haya elegido tantas veces como escenario; aquí se rodaron escenas de Piratas del Caribe.
En la isla de Hawái, la mayor del archipiélago, el Parque Nacional de los Volcanes muestra cráteres humeantes, campos de lava negra y tubos volcánicos que se pueden recorrer. De noche, el Mauna Kea es uno de los mejores lugares del planeta para mirar las estrellas.
Prueba el poke de atún crudo, aprende tus primeros pasos de surf o de hula, y conoce la cultura nativa, que sigue muy presente. Entre diciembre y abril llegan las ballenas jorobadas, y cualquier mes es bueno por su clima cálido.