Cuba
Coches clásicos, ritmos de son y playas de arena blanca son la seña de identidad de Cuba. Descubre qué ver en La Habana, Trinidad y Viñales y cómo moverte por la mayor isla del Caribe.
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Viajar a Cuba es llegar a un país donde la música se cuela por las ventanas. La Habana Vieja, Patrimonio de la Humanidad, invita a caminar entre la plaza de la Catedral, la plaza de Armas y la plaza Vieja, con sus balcones de hierro y sus patios coloniales. Al caer el sol, siéntate en el Malecón, el larguísimo paseo donde los habaneros charlan frente al mar. El Capitolio, la plaza de la Revolución y los coches americanos de los años cincuenta completan la imagen que todos tenemos en la cabeza, pero el verdadero encanto está en sentarte a escuchar un son en una terraza.
Trinidad conserva intacta su estampa colonial: calles empedradas, casas pintadas de pastel y una plaza Mayor por la que parece que no pase el tiempo. Muy cerca, el Valle de los Ingenios recuerda la época del azúcar. Al oeste, Viñales es otro mundo: mogotes de roca cubiertos de vegetación, campos rojos y vegueros que te explican cómo se cultiva y se seca el tabaco. Cienfuegos, con su aire francés, y Santiago de Cuba, cuna del son y de un carácter muy caribeño, redondean una buena ruta.
Varadero es el destino de playa más conocido, con kilómetros de arena blanca y agua turquesa, y los cayos del norte ofrecen un Caribe todavía más tranquilo. En la mesa, prueba la ropa vieja, el arroz moros y cristianos y los tostones, y deja el mojito para la tarde.
La mejor época para viajar a Cuba va de noviembre a abril, con menos lluvia y calor más llevadero; de junio a noviembre es temporada de huracanes. Alojarte en casas particulares es la mejor forma de conocer a su gente.