Jordania
Petra es la joya de Jordania, pero el desierto de Wadi Rum y el mar Muerto completan un viaje inolvidable. Descubre qué ver y cómo organizar tu ruta por este país de Oriente Medio.
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¿HACE UN BAÑO?
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Hay pocas entradas tan teatrales como la del Siq, un desfiladero estrecho que serpentea entre paredes rosadas hasta que, de pronto, aparece el Tesoro. Pero Petra no termina ahí: la antigua capital de los nabateos se extiende por tumbas reales, un teatro y senderos hasta el Monasterio, al que se llega tras subir cientos de escalones. Dedícale al menos dos días y llega temprano, cuando la luz y el silencio la hacen aún más impresionante.
En Wadi Rum, las montañas de arenisca brotan de la arena roja y el paisaje parece de otro planeta; de hecho, varias películas de ciencia ficción se han rodado aquí. Lo mejor es recorrerlo en todoterreno con guías beduinos, subir a algún puente de roca y pasar la noche en un campamento bajo un cielo lleno de estrellas.
En la orilla jordana del mar Muerto puedes flotar en sus aguas densas y cubrirte de barro con las montañas al fondo. El Camino de los Reyes conecta luego lugares como el monte Nebo, desde donde según la tradición Moisés contempló la Tierra Prometida; Madaba, célebre por su mapa de mosaico; y el castillo cruzado de Kerak. En Aqaba, al sur, el arrecife del mar Rojo te permite bucear o hacer snorkel entre corales.
Al norte de la capital, Jerash es una de las ciudades romanas mejor conservadas fuera de Italia, con su plaza ovalada, sus columnas y sus teatros. En Amán, sube a la Ciudadela y baja a tomar un té por el centro.
Primavera y otoño son las mejores estaciones para viajar a Jordania, con temperaturas amables para caminar. Prueba el mansaf, el plato nacional de cordero con yogur, y vístete con discreción fuera de los resorts; si te ayudan estos detalles, repasa nuestros consejos antes de viajar a Jordania.