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Eslovaquia

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Bratislava, los castillos medievales y los montes Tatras convierten a Eslovaquia en una escapada sorprendente. Descubre qué ver en este pequeño país centroeuropeo y cómo combinarlo con sus vecinos.

Artículos sobre Eslovaquia

Bratislava, pequeña y con encanto

La capital se recorre a pie sin prisas. Entra al casco antiguo por la Puerta de San Miguel, la única que se conserva de las murallas medievales, y busca las estatuas callejeras, como el famoso Čumil, el obrero que asoma de una alcantarilla. Sube después al castillo, de planta cuadrada y blanca, para contemplar el Danubio. Si te preguntas qué hacer en Bratislava en una tarde tranquila, acércate a las ruinas de Devín, una fortaleza sobre el punto donde el río Morava se une al Danubio, en la frontera con Austria.

Altos Tatras, montaña de verdad

Pese a su modesta extensión, los Altos Tatras parecen unos Alpes en miniatura, con cumbres de más de 2.600 metros, bosques de coníferas y lagos glaciares. Štrbské Pleso es el más accesible y un buen punto de partida para caminar. En invierno, la zona se transforma en un destino de esquí y raquetas de nieve.

Castillos y pueblos con historia

Viajar a Eslovaquia es encontrarse con fortalezas a cada paso. El castillo de Spiš, Patrimonio de la Humanidad, ocupa una colina entera y es uno de los mayores recintos fortificados de Europa Central: verlo aparecer desde la carretera impresiona. El de Bojnice, en cambio, parece sacado de un cuento, con torres y tejados románticos. Banská Štiavnica, antigua ciudad minera de plata y oro, sube y baja entre casas nobles y lagos artificiales, mientras que Vlkolínec conserva su aspecto de aldea tradicional de madera.

Naturaleza para caminantes

El Paraíso Eslovaco es un parque nacional de gargantas estrechas que se recorren por pasarelas, escaleras metálicas y puentes junto a las cascadas. Es una experiencia divertida para quienes tengan algo de agilidad y buen calzado.

Mesa y mejor época

El plato nacional son los bryndzové halušky, ñoquis de patata con queso de oveja y panceta, perfectos tras una caminata. Entre mayo y septiembre los senderos están en su mejor momento, y el otoño tiñe de colores los valles.