Austria
Viena imperial, la música de Salzburgo y los Alpes del Tirol resumen Austria. Descubre qué ver, qué palacios y cafés no perderte y cómo disfrutar del país en verano o en invierno.
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Gastronomía
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Austria tiene en su capital una puerta de entrada majestuosa. El palacio de Schönbrunn recuerda el poder de los Habsburgo con sus salones y sus jardines geométricos, mientras que el Belvedere guarda «El beso» de Klimt. Entre visita y visita, siéntate en un café vienés, una institución reconocida por la Unesco, y pide una Sachertorte con nata. Por la noche, la Ópera y los conciertos llenan la ciudad de música.
Salzburgo gira alrededor de Mozart, que nació en la Getreidegasse, y de la fortaleza de Hohensalzburg, desde cuyos muros se domina el casco barroco y el río Salzach. A menos de dos horas, Hallstatt se refleja en su lago con casas apiñadas entre el agua y la montaña. Es uno de los pueblos más fotografiados de Europa, así que llega temprano o quédate a dormir para sentirlo con calma. Muy cerca, las minas de sal locales cuentan una historia milenaria.
Innsbruck, capital del Tirol, sorprende con su Tejadillo de Oro y con unas montañas que parecen caer sobre el centro. Un funicular te sube en poco tiempo a los miradores de la Nordkette. Si conduces, la carretera alpina del Grossglockner lleva hasta la cumbre más alta del país, con glaciares a la vista. Y si lo tuyo es lo subterráneo, las cuevas de hielo de Eisriesenwelt te dejarán helado en el mejor sentido.
En verano apetece caminar por prados alpinos y bañarse en lagos; la región de Salzkammergut es ideal. En otoño, la Wachau tiñe de ocre sus viñedos junto al Danubio, con la abadía de Melk como joya barroca. Diciembre trae mercados navideños, e invierno, esquí de primera. Siete días bastan para una buena ruta por Austria en tren o coche.