Grecia
Casas blancas, cúpulas azules y una caldera volcánica. Descubre qué ver en Santorini, la isla griega más fotografiada.
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Santorini es lo que queda de un enorme volcán que estalló hace unos 3.600 años y dejó una bahía inundada rodeada de acantilados. Sobre ese borde de lava y ceniza se colgaron los pueblos blancos que todos conocemos por las fotos. La sorpresa es que, en persona, la isla impresiona todavía más.
Oia es la postal perfecta: casas encaladas, cúpulas azules y escaleras que descienden hacia el mar. Llega temprano para pasear sin aglomeraciones y busca los antiguos molinos del extremo oeste. Fira, la capital, tiene más vida y más tiendas, además de buenos museos. Entre ambas se extiende un sendero de unos diez kilómetros por el borde de la caldera, una de las mejores caminatas de las Cícladas, que pasa por Imerovigli y la roca de Skaros.
Akrotiri, la Pompeya del Egeo, es un asentamiento de la Edad del Bronce sepultado por la erupción, con calles y casas de varios pisos protegidas por una gran cubierta. Muy cerca está la Playa Roja, cuyo acantilado ocre contrasta con el agua. Perissa y Kamari ofrecen largas playas de arena negra, que quema bajo el sol, así que lleva calzado.
Sube a un barco para navegar por la caldera, caminar sobre el islote volcánico de Nea Kameni y bañarte en aguas termales. Si te gusta el mar, el relato de este buceo en Santorini te dará ideas. Visita Pyrgos, un pueblo interior más tranquilo, y entra en una bodega: las viñas crecen enroscadas a ras del suelo para protegerse del viento, y de ellas sale el aromático Assyrtiko.
Mayo, junio, septiembre y octubre traen un clima agradable y algo menos de gente. Reserva el alojamiento con mucha antelación y evita las horas punta de cruceros en Oia. Prueba las croquetas de tomate y la fava local. Y busca tu propio mirador al atardecer, porque el de Oia se llena.