Guías de viaje
Las dunas de Erg Chebbi se alzan junto a Merzouga, base para dormir en el desierto. Descubre cómo visitar este rincón de Marruecos.
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Merzouga es un pequeño pueblo del sureste de Marruecos, muy cerca de la frontera con Argelia, que debe su fama a lo que tiene detrás: las dunas de Erg Chebbi. Estas montañas de arena de tonos anaranjados se elevan de repente sobre la llanura pedregosa y alcanzan unos ciento cincuenta metros de altura. Al amanecer y al atardecer, sus crestas se afilan y las sombras dibujan formas que cambian cada minuto. Es una de las pocas zonas de Marruecos donde el Sáhara responde a la imagen que todos llevamos en la cabeza.
El plan estrella es adentrarse en las dunas a lomos de dromedario y pasar la noche en un campamento de haimas. Tras una cena sencilla, con tajín y música de percusión junto al fuego, llega lo mejor: apagar la linterna y mirar un cielo cuajado de estrellas. Madruga para subir a la duna más cercana y contemplar la salida del sol. Durante el día también puedes deslizarte con una tabla de sandboard o recorrer los alrededores en todoterreno.
Muy cerca, el pueblo de Khamlia es conocido por su música gnawa, de raíces subsaharianas. Rissani, la antigua puerta de las caravanas, tiene un mercado muy auténtico, y en años de lluvias la laguna estacional de Dayet Srji puede atraer aves como los flamencos.
Desde Marrakech, el viaje cruza el Atlas por el puerto de Tizi n'Tichka y sigue por Ouarzazate, el valle del Dades y las gargantas del Todra: dedica al menos tres días, porque son muchas horas de carretera. También se llega desde Fez. La mejor época es la primavera y el otoño. En verano el calor es extremo y en invierno las noches son heladas. Lleva pañuelo para la arena, gafas de sol, abrigo para la noche y mucha agua, y contrata el campamento con una empresa de confianza.