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Viajar de mochilero

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Viajar de mochilero es llevar lo justo y dejar que el camino decida. Aquí encontrarás ideas para preparar el equipaje, dormir de forma alternativa y recorrer rutas clásicas como el InterRail por Europa con poco dinero y mucho tiempo por delante.

Artículos sobre Viajar de mochilero

Qué significa viajar de mochilero

Ser mochilero no consiste solo en gastar poco: es una forma de moverse. Autobuses locales, albergues con cocina compartida, planes que cambian porque alguien te habló de un pueblo en la mesa del desayuno. El viaje se alarga, el presupuesto se estira y el destino deja de ser una lista de monumentos para convertirse en una sucesión de encuentros.

Rutas clásicas para mochileros

El Sudeste Asiático es la gran escuela. El recorrido entre Tailandia, Laos, Vietnam y Camboya enlaza los templos de Chiang Mai, la tranquila Luang Prabang, la bahía de Ha Long y Angkor en una sola travesía, con transporte frecuente y muchísimos viajeros con quien compartir tramo. En Sudamérica, la ruta andina une Cuzco, el lago Titicaca, La Paz y el salar de Uyuni, y puede continuar hacia el desierto de Atacama. Europa tiene su propia tradición con el InterRail, que permite encadenar capitales en tren; los Balcanes añaden Mostar, Kotor, Ohrid y un ambiente mucho menos transitado. Para quien busca un reto mayor, India es intensa y desbordante, de Varanasi a los valles del Himalaya.

Una mochila ligera, un viaje mejor

Una mochila de unos 40 litros obliga a elegir bien y te permite subir a cualquier autobús sin pensarlo. Ropa que seque rápido, capas en lugar de prendas gruesas, buen calzado y un candado para las taquillas de los albergues son la base. Si vas a viajar en tren, tienes una guía práctica en nuestros consejos para preparar el equipaje de InterRail.

Dormir, comer y conocer gente

Los albergues son mucho más que una cama barata: en sus zonas comunes nacen compañeros de ruta y se intercambia la información más útil. También existen fórmulas como el Couch Surfing, los intercambios de trabajo por alojamiento o las casas de familia. Y para comer, nada como los mercados y puestos callejeros, donde se prueba la cocina de verdad de cada lugar.