Islas Baleares
Calas turquesas, la Serra de Tramuntana y pueblos de piedra: Mallorca es mucho más que playa. Descubre rincones, planes y curiosidades de la mayor de las Baleares.
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Olvida por un momento las playas: Mallorca guarda en su costa noroeste una cordillera Patrimonio de la Humanidad, con pueblos de piedra, olivos centenarios y bancales que bajan hasta el mar. Valldemossa conserva la cartuja donde pasaron un invierno Chopin y George Sand; Deià se asoma a una cala de ensueño; y Sóller se alcanza en un tren de madera que parece de otra época. La carretera hacia Sa Calobra, con sus curvas retorcidas, termina en una cala encajada junto al Torrent de Pareis. En el extremo norte, los miradores de Formentor regalan algunas de las mejores vistas de Baleares.
En la capital, la catedral gótica de La Seu se levanta junto al mar y el castillo de Bellver domina la bahía desde su original planta circular. Hacia el interior, Sineu o Petra mantienen el pulso de la Mallorca agrícola. Alcúdia presume de murallas medievales y de los restos romanos de Pollentia, y Artà tiene un casco antiguo coronado por un santuario.
Para el baño, el sur tiene Es Trenc, un gran arenal natural de aguas transparentes, y Caló des Moro, una cala pequeña y muy fotogénica. Mondragó ofrece un parque natural con playas tranquilas. En Porto Cristo, las cuevas del Drach esconden un lago subterráneo donde se ofrece un breve concierto de música clásica desde barcas iluminadas.
Prueba una ensaimada recién hecha, sobrasada con miel, tumbet y un pa amb oli con tomate de ramallet. Los vinos de Binissalem y Pla i Llevant merecen atención.
Febrero sorprende con los almendros en flor, primavera y otoño son perfectos para el senderismo y el ciclismo, y septiembre tiene el mar aún templado. Si viajas en verano, sal temprano hacia las calas más conocidas, porque los aparcamientos se llenan pronto.