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La cúpula de Brunelleschi, los Uffizi y el puente Vecchio. Descubre qué ver en Florencia, la cuna del Renacimiento italiano.
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Florencia cabe en un paseo y, a la vez, no se acaba nunca. En su centro, compacto y peatonal en buena parte, se concentra tal cantidad de obras maestras que cuesta creer que una sola ciudad pusiera en marcha el Renacimiento. Con dos días completos verás lo esencial; con tres, lo saborearás.
Nada te prepara para doblar la esquina y encontrarte con Santa María del Fiore, revestida de mármol blanco, verde y rosa. Subir a la cúpula de Brunelleschi, una proeza de ingeniería del siglo XV, te lleva entre sus dos caparazones hasta unas vistas memorables. Justo enfrente, el Baptisterio muestra las Puertas del Paraíso de Ghiberti, y el campanile de Giotto es la alternativa para quien prefiera fotografiar la cúpula desde fuera.
En la Galería Uffizi te quedarás frente a El nacimiento de Venus y La primavera de Botticelli, además de Leonardo, Rafael y Caravaggio. Reserva la entrada, igual que para la Galería de la Academia, donde espera el David de Miguel Ángel: verlo en persona es otra cosa. Entre ambas, la Piazza della Signoria funciona como museo al aire libre, con el Palazzo Vecchio y las esculturas de la Loggia dei Lanzi.
Cruza el Puente Vecchio, con sus joyerías colgadas sobre el río, para llegar al Oltrarno, el barrio de los artesanos. Allí están el Palacio Pitti y los jardines de Boboli, un respiro de verde y estatuas. Cierra el día en la Piazzale Michelangelo: al atardecer, el sol tiñe de cobre las cúpulas y los tejados de la ciudad. Sube un poco más hasta San Miniato al Monte si quieres algo de calma.
Comparte una bistecca alla fiorentina bien poco hecha, atrévete con un panino de lampredotto en un puesto callejero y termina con un helado artesanal. Primavera y otoño son ideales, ya que el verano resulta caluroso y muy concurrido.