China
Montañas kársticas y el río Li componen el paisaje más pintado de China. Descubre qué ver en Guilin y sus alrededores.
China
China
Quien ha visto un billete de 20 yuanes ya conoce este paisaje. Los picos kársticos de Guilin, en la región china de Guangxi, se levantan como dientes verdes sobre arrozales y ríos, y llevan siglos inspirando a poetas y pintores. La forma de disfrutarlos es navegar por el río Li hasta Yangshuo: cada recodo descubre nuevas siluetas envueltas a menudo en bruma, búfalos en la orilla y pescadores con cormoranes. Es uno de esos trayectos en los que se te olvida mirar el móvil.
La propia ciudad merece un día. La colina de la Trompa de Elefante, que parece beber del río, es su símbolo. La Cueva de la Flauta de Caña sorprende con sus estalactitas y su iluminación de colores, y los parques que rodean sus lagos invitan a pasear al atardecer, cuando las pagodas se encienden y se reflejan en el agua.
Yangshuo es la base ideal para quedarse unos días. Alquila una bicicleta y recorre la campiña del río Yulong, entre campos y aldeas; una balsa de bambú te permitirá ver el paisaje a ras de agua. Si te gusta el deporte, la zona es además un célebre destino de escalada. Xingping, un pueblo más tranquilo a orillas del Li, ofrece miradores con las vistas que aparecen en el billete.
A unas horas al norte, los arrozales en terraza de Longji, cuyo nombre significa «espina dorsal del dragón», cubren las laderas de abajo arriba. Son obra de los pueblos zhuang y yao, y hay que recorrerlos caminando entre sus aldeas de madera.
La primavera trae verdor y brumas, y las terrazas se llenan de agua hacia mayo y junio; en otoño, el arroz maduro las tiñe de dorado y hay menos lluvia. No te marches sin probar los fideos de arroz de Guilin, el desayuno local por excelencia.