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Ordesa, Aínsa y el castillo de Loarre. Descubre qué ver en Huesca, la provincia aragonesa del Pirineo.
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Pocas provincias españolas concentran tanta variedad en tan pocos kilómetros. La estrella es el valle de Ordesa, un cañón glaciar de paredes calizas enormes y hayedos que en otoño se tiñen de cobre. La ruta clásica sube desde la pradera por las gradas de Soaso hasta la cola de Caballo, una jornada larga pero sin dificultad técnica. En temporada alta, el acceso en coche se regula desde Torla, de modo que revisa antes cómo llegar. Más al este, Benasque es la base para quienes miran hacia el Aneto, el techo del Pirineo.
Aínsa conserva una plaza mayor porticada y un castillo con la silueta del Monte Perdido de fondo. Alquézar, encaramado sobre el río Vero, combina un dédalo de callejas con una colegiata en lo alto y pasarelas para recorrer el cañón a pie. Hacia el noroeste, los valles de Ansó y Hecho mantienen su arquitectura tradicional y una atmósfera de montaña muy auténtica.
El castillo de Loarre, románico del siglo XI, es una de las fortalezas mejor conservadas de Europa, y resulta emocionante recorrerlo imaginando la frontera que vigilaba. Muy cerca, los Mallos de Riglos son gigantescos pilares de roca rojiza, paraíso de escaladores y de los buitres. Bajo un enorme peñasco se resguarda el claustro de San Juan de la Peña, y en Sobrarbe aparece el monasterio de San Victorián, uno de los más antiguos de Aragón.
La sierra de Guara es uno de los mejores destinos de Europa para el barranquismo, siempre con guías si no tienes experiencia. En la mesa, prueba las migas, el ternasco de Aragón y el pastel ruso, dulce típico de la capital oscense. Otoño es la estación más fotogénica, y el verano la ideal para la alta montaña; en invierno, las estaciones de esquí del valle de Tena y Benasque toman el relevo.