Suecia
Minería, nieve, auroras boreales y el famoso hotel de hielo cercano. Descubre qué ver en Kiruna, en la Laponia sueca.
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Kiruna es la ciudad más septentrional de Suecia, bien por encima del círculo polar ártico, y nació a finales del siglo XIX gracias al hierro. Hoy es la puerta de entrada a la Laponia sueca: un territorio de bosques, ríos helados, montañas suaves y una luz que cambia por completo según la estación.
Su símbolo es Kiruna Kyrka, una enorme iglesia de madera con forma que recuerda a una tienda sami. La ciudad vive además un proceso insólito: el avance de la gigantesca mina de hierro de LKAB, una de las mayores subterráneas del mundo, obliga a trasladar buena parte del centro urbano varios kilómetros al este. Pasear por aquí es ver una ciudad moviéndose. Para acercarte a la cultura indígena de esta tierra, el pequeño museo de Såmegården ofrece una introducción muy interesante al pueblo sami y a la cría de renos.
A pocos kilómetros, en Jukkasjärvi, se levanta cada invierno el Icehotel, construido con hielo del río Torne y decorado por artistas. Aunque no duermas en sus habitaciones heladas, la visita merece la pena. Qué hacer en Kiruna en esta época es sencillo: montar en trineo de perros, conducir una moto de nieve, probar la pesca en hielo y, sobre todo, abrigarte bien, porque las temperaturas pueden bajar mucho de veinte grados bajo cero.
Entre septiembre y marzo, las noches despejadas pueden regalar auroras boreales. El Parque Nacional de Abisko, a un par de horas por carretera o tren, es uno de los lugares más prestigiosos para verlas, gracias a su clima relativamente seco. Conviene dedicar varias noches, pues nada garantiza el espectáculo.
Entre finales de mayo y mediados de julio, el sol no llega a ponerse. Los lagos se deshielan, las rutas de senderismo se abren y puedes caminar por tramos del Kungsleden o acercarte al macizo del Kebnekaise, la montaña más alta de Suecia. Lleva repelente: los mosquitos forman parte de la experiencia ártica.