Noruega
Fiordo, museos y arquitectura moderna. Descubre qué ver en Oslo, la capital de Noruega, tan verde como tranquila.
Noruega
Noruega
Oslo es una capital que se recorre sin prisa, con el fiordo siempre a mano. Empieza en la Ópera, un edificio de mármol blanco y cristal cuyo tejado inclinado se puede pisar: sube caminando hasta arriba para disfrutar de la vista del puerto. Al lado, el barrio de Bjørvika ha cambiado la fisonomía de la ciudad, con el enorme Museo Munch, donde encontrarás distintas versiones de El grito. Sigue por el paseo hacia Aker Brygge y Tjuvholmen, antiguos muelles reconvertidos en terrazas y galerías.
El parque de Vigeland, dentro del Frognerparken, reúne más de doscientas esculturas de Gustav Vigeland dedicadas al ciclo de la vida, desde el célebre niño enfadado hasta un monolito de figuras humanas entrelazadas. El castillo y fortaleza de Akershus, de origen medieval, guarda las mejores vistas del fiordo, y en el Ayuntamiento se entrega cada año el Premio Nobel de la Paz; sus murales merecen la visita.
Coge un barco en verano hasta la península de Bygdøy, donde se agrupan varios museos. El museo Fram guarda el buque polar con el que navegaron Nansen y Amundsen, y puedes pisar su cubierta; el Kon-Tiki exhibe la balsa de Thor Heyerdahl, y el Museo Popular Noruego muestra granjas históricas y una iglesia de madera. Luego prueba una sauna flotante, muy populares en el puerto, y anímate a un chapuzón.
Con el metro subes en poco tiempo al trampolín de esquí de Holmenkollen, con un mirador espectacular, y a los bosques de Nordmarka, llenos de senderos y lagos. De mayo a septiembre, la luz y las islas del fiordo invitan a estar fuera; en invierno, la nieve permite esquiar de fondo casi dentro de la ciudad. Oslo es cara: lleva presupuesto para comer y busca tarjetas turísticas si vas a entrar en varios museos.