Rusia
El Hermitage, sus canales y sus noches blancas. Conoce la historia y los lugares más emblemáticos de San Petersburgo.
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San Petersburgo es una de las ciudades más monumentales de Europa, un escenario de palacios y canales levantado sobre el agua por voluntad de un zar.
Fundada por Pedro el Grande en 1703, la ciudad fue durante dos siglos la capital de los zares. Su gran tesoro es el Hermitage, uno de los mayores museos del mundo, instalado en buena parte en el Palacio de Invierno. Mientras avanzas por sus salas verás obras de Rembrandt, Leonardo y Matisse rodeadas de mármoles, dorados y lámparas. Fuera, la plaza del Palacio, con su inmensa fachada verde y blanca y su columna central, es uno de los espacios urbanos más solemnes que existen.
La iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, con sus cúpulas de colores, se levantó en el lugar donde fue atacado el zar Alejandro II, y su interior está cubierto de mosaicos. La catedral de San Isaac ofrece una gran panorámica desde su columnata. La fortaleza de San Pedro y San Pablo, origen de la ciudad, guarda las tumbas de los Románov. Y la avenida Nevski es la gran arteria, llena de palacios, cafés y librerías, entre canales que recorrer en barco.
En junio, el sol apenas se oculta y la gente pasea hasta altas horas para ver cómo se abren los puentes levadizos sobre el Neva. Fuera de la ciudad, Peterhof despliega fuentes doradas hasta el golfo de Finlandia, y en Tsarskoye Selo el Palacio de Catalina guarda la célebre Sala de Ámbar.
El teatro Mariinski es la gran referencia para ver ballet. En cuanto a la cocina, prueba borsch, pelmeni y blinis. El invierno es duro pero muy evocador, con los canales helados, mientras que los meses de verano son los más agradables para caminar.