Polonia
Una plaza colorida, puentes y pequeños enanos de bronce. Descubre qué ver en Wroclaw, una de las ciudades con más encanto de Polonia.
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Wrocław se descubre desde su corazón: el Rynek, una de las plazas medievales más grandes de Polonia, rodeada de fachadas de colores y presidida por un ayuntamiento gótico de espectaculares remates. Aquí se concentran terrazas, músicos y cervecerías con solera. Junto a la plaza, las diminutas casas de Hansel y Gretel, unidas por un arco, son una imagen muy querida en la ciudad. Sube a la torre de la iglesia de Santa Isabel para ver los tejados desde arriba.
El plan más original es ir a la caza de los enanos de bronce repartidos por las calles. Hay centenares, y cada uno tiene su oficio o su historia: uno empuja una bola, otro duerme, otro saca dinero. Tienen su origen en la Alternativa Naranja, un movimiento satírico contra el régimen comunista de los años ochenta, y hoy se han convertido en el símbolo más simpático de la ciudad. A los niños les encanta, pero los adultos acaban igual de enganchados.
Cruza el puente hasta Ostrów Tumski, el barrio más antiguo y un remanso de calma. La catedral de San Juan Bautista domina sus calles empedradas, y al caer la tarde un farolero enciende a mano las farolas de gas, una tradición que parece de otra época. Wrocław tiene un centenar de puentes y varias islas, así que un paseo en barco por el Óder es una gran manera de orientarse.
El Panorama de Racławice envuelve al visitante con una enorme pintura circular sobre una batalla de 1794. El Aula Leopoldina de la Universidad es un deslumbrante salón barroco, y la Sala del Centenario, Patrimonio de la Humanidad, fue un hito de la arquitectura en hormigón.
Para comer, pide pierogi, sopa żurek y cerveza local. Primavera y verano son muy agradables, y en diciembre su mercado navideño llena el Rynek de luces y aroma a vino caliente.