Guías de viaje
Dunas, oasis y noches estrelladas. Encuentra ideas para vivir la experiencia del desierto del Sáhara en tu viaje al norte de África.
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El Sáhara es el mayor desierto cálido del mundo: una extensión de unos nueve millones de kilómetros cuadrados que cruza el norte de África, desde el Atlántico hasta el mar Rojo. Y no todo son dunas: también hay mesetas pedregosas, macizos rocosos y oasis de palmeras. Saber qué ver en el desierto del Sáhara pasa por elegir bien en qué país entrar en él.
Es la puerta más accesible desde España. En Merzouga, al sureste de Marruecos, se levantan las dunas de Erg Chebbi, que cambian del dorado al rojizo con la luz. La experiencia típica incluye una excursión en dromedario y una noche en un campamento de jaimas: subir a una duna al amanecer y escuchar el silencio absoluto es lo que más se recuerda. Más al oeste, la zona de Zagora y el valle del Draa ofrecen otra visión, con palmerales y kasbahs de adobe.
En el sur de Túnez, Douz se considera la puerta del Sáhara, y Tozeur destaca por su palmeral y por el gran lago salado de Chott el Djerid. En Egipto, el oasis de Siwa conserva su ambiente aislado, y el Desierto Blanco deslumbra con sus formaciones de roca caliza esculpidas por el viento.
Argelia guarda el Tassili n'Ajjer, un macizo con pinturas y grabados rupestres de miles de años, Patrimonio de la Humanidad. En Mauritania, ciudades caravaneras como Chinguetti custodian antiguos manuscritos entre la arena. Son lugares fascinantes, también por la cultura de pueblos nómadas como los tuareg, pero requieren organización y agencias locales de confianza.
Evita el verano, cuando el calor es extremo; el otoño y la primavera son las mejores estaciones, aunque las noches invernales pueden ser muy frías. Lleva pañuelo para la arena, gafas de sol y capas de abrigo. Y acepta siempre el té a la menta: es el gesto de hospitalidad del desierto.