Con vistas al mar Negro
Fortalezas medievales y palacios de cuento. Descubre castillos con historia y leyendas para visitar en tu próximo viaje.
Con vistas al mar Negro
Polonia
Un castillo es mucho más que una postal: cuenta quién mandaba, de quién se defendía y cómo se vivía entre sus muros. Para disfrutarlo, fíjate en la torre del homenaje, las saeteras, el foso y el adarve, y piensa en la vida diaria de sus habitantes. Muchos se levantaron sobre lugares elevados, así que suelen ofrecer además grandes vistas.
España es un país de fortalezas, hasta el punto de que Castilla debe a ellas su nombre. El Alcázar de Segovia se alza sobre la unión de dos ríos como la proa de un barco, mientras que el castillo de Peñafiel, largo y estrecho, recorre un cerro entre viñedos del Duero. El de Coca es una exquisita muestra de arquitectura mudéjar en ladrillo. Y en Palma, el castillo de Bellver sorprende por su rara planta circular.
Neuschwanstein, en Baviera, es el sueño romántico del rey Luis II, levantado en el siglo XIX entre montañas y bosques. Los castillos del Loira, como Chambord y Chenonceau, muestran el lujo renacentista francés. En Polonia, la fortaleza teutónica de Malbork, de ladrillo rojo, abruma por su tamaño, y el castillo de Książ domina un paisaje boscoso en Baja Silesia. Escocia aporta Eilean Donan, sobre un islote; Rumanía, el castillo de Bran, que la fama asocia con Drácula pese a su escasa relación histórica con el personaje.
Fuera del continente destaca Himeji, en Japón, una espectacular fortaleza blanca de varios pisos conocida como la Garza Blanca, y Patrimonio de la Humanidad.
Antes de ir, consulta si hay visitas guiadas: la diferencia entre ver unas piedras y entender lo que ocurrió allí suele estar en quien te lo cuenta. Lleva calzado cómodo, porque abundan las escaleras estrechas y los suelos irregulares. Y llega pronto o quédate hasta el final de la tarde: un castillo con pocos visitantes y luz rasante se disfruta de otra manera.