España
Mudéjar, leyendas de amantes y paisajes rurales. Descubre qué ver en Teruel, una de las provincias aragonesas con más historia.
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Su fama de territorio olvidado juega a su favor: aquí viajas sin aglomeraciones. En la capital, las torres de San Martín y El Salvador, revestidas de ladrillo y cerámica verde y blanca, forman parte del mudéjar aragonés declarado Patrimonio de la Humanidad, igual que la techumbre pintada de la catedral. Después visita el Mausoleo de los Amantes, donde las esculturas yacentes de Isabel y Diego casi se rozan las manos, y sube a la plaza del Torico, centro de la vida local, con su diminuto toro sobre una columna. En febrero, las Bodas de Isabel de Segura convierten la ciudad en un escenario medieval.
Albarracín es probablemente el pueblo más bonito de Aragón: casas de yeso rojizo, callejas torcidas y murallas que recorren la montaña. Muy cerca, los pinares del rodeno guardan pinturas rupestres. Al noreste, la comarca del Matarraña, a veces llamada la Toscana española, combina olivos y ríos de aguas claras con pueblos de piedra como Valderrobres, con su puente y su castillo, o Calaceite. El Maestrazgo, con Mirambel y Cantavieja, ofrece una ruta más agreste y silenciosa.
Teruel tiene una riqueza paleontológica enorme, y Dinópolis, parque dedicado a los dinosaurios, es el mejor plan para familias. Y como sus cielos son de los más limpios de España, la sierra de Javalambre es también un destino destacado para observar las estrellas.
El jamón de Teruel, con denominación de origen, es lo primero que debes probar, junto al ternasco y, en invierno, la trufa negra de Sarrión, una de las zonas productoras más importantes del mundo. Primavera y otoño son lo mejor, pues el invierno es frío de verdad. Viaja en coche: las distancias son largas, las carreteras tranquilas, y cada parada compensa el trayecto.