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Playas, el castillo de Santa Bárbara y buen arroz. Descubre qué ver en Alicante, en la ciudad y en los pueblos de la Costa Blanca.
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Sube al monte Benacantil para visitar el castillo de Santa Bárbara, desde cuyas almenas se abarcan la bahía y el perfil de la ciudad. La bajada por el barrio de Santa Cruz, con casas encaladas y macetas en las puertas, es una delicia. Termina en la Explanada, con su famoso pavimento ondulado de mosaico, y date un baño en la playa del Postiguet. El Mercado Central es perfecto para hacerse una idea de lo que se come aquí. En junio, las Hogueras de San Juan llenan las calles de monumentos, pólvora y música.
En barco desde Santa Pola o desde el puerto alicantino llegarás a Tabarca, una islita amurallada, con reserva marina y buen caldero. Hacia el norte, Villajoyosa presume de casas de colores junto al río y de larga tradición chocolatera; Altea enamora con su casco antiguo blanco y su iglesia de cúpulas azules; y Calp vive a los pies del Peñón de Ifach, un coloso rocoso que se puede subir a pie.
El pueblo de Guadalest, encaramado a una roca con un embalse turquesa a sus pies, es una de las estampas de la provincia. No muy lejos, las Fuentes del Algar forman cascadas y pozas donde refrescarse en verano. Hacia el sur, Elche sorprende con su Palmeral, Patrimonio de la Humanidad, cuyo Huerto del Cura reúne ejemplares extraordinarios.
Su clima suave permite viajar casi todo el año; primavera y otoño son perfectos para caminar y evitar aglomeraciones. Prueba el arroz a banda, el arroz con costra de Elche y, de postre, un turrón de Jijona o Alicante. Y si puedes, sal de la costa: la montaña alicantina esconde pueblos y rutas muy agradecidos.