Alemania
Historia reciente, arte urbano y barrios alternativos. Descubre qué ver en Berlín, de la Puerta de Brandeburgo a los restos del Muro.
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Berlín se entiende caminando por su historia reciente. La Puerta de Brandeburgo, antiguo símbolo de la división, es hoy el punto de encuentro natural de la ciudad. A dos pasos están el Reichstag, con su cúpula de cristal de Norman Foster abierta a los visitantes, y el Monumento a los Judíos de Europa Asesinados, un campo de bloques de hormigón que encoge el ánimo al adentrarte en él. Para comprender lo que supuso el Muro, visita el memorial de Bernauer Strasse, y para ver su cara más colorida, recorre la East Side Gallery, más de un kilómetro de murales a orillas del Spree.
La Isla de los Museos, Patrimonio de la Humanidad, reúne cinco instituciones en pleno centro; en el Neues Museum te espera el célebre busto de Nefertiti. Si te gusta lo curioso, el museo de los videojuegos es un plan divertido y distinto. La catedral, la torre de televisión de Alexanderplatz y la Topografía del Terror, sobre el aparato represivo nazi, completan el recorrido.
Berlín no tiene un centro único, y ahí está su gracia. Kreuzberg mezcla cultura turca, arte urbano y bares junto al canal; Friedrichshain es joven y nocturna; Prenzlauer Berg, más tranquila, se llena de familias y cafés, y el Mauerpark acoge los domingos un mercadillo famoso. Una de las experiencias más berlinesas es pedalear o pasear por Tempelhof, un antiguo aeropuerto reconvertido en parque.
Con tres días podrás ver lo esencial sin agobios. La ciudad es llana y muy cómoda para moverse en bicicleta, y el transporte público funciona de maravilla. Para comer, prueba la currywurst, el kebab que aquí tiene tradición propia y las cervezas de barrio. De mayo a septiembre, las terrazas y los lagos cercanos llenan la ciudad de vida; en diciembre, lo hacen sus mercados navideños.