Irlanda
Pubs, literatura, Trinity College y la calle O’Connell. Descubre qué ver en Dublín y cómo disfrutar del ambiente de la capital de Irlanda.
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Dublín
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Dublín se recorre a pie y se entiende en sus pubs. Es una capital de tamaño amable, con fachadas georgianas de puertas de colores, una tradición literaria descomunal y una simpatía que te hace sentir en casa enseguida. Con tres días tienes margen de sobra para decidir qué ver en Dublín y, además, escaparte a la costa.
Empieza por el Trinity College, cuyo campus es un remanso en pleno centro. Allí se expone el Libro de Kells, un manuscrito iluminado medieval de una belleza minuciosa, vinculado a la biblioteca histórica de la universidad, una de las más fotografiadas del mundo. Muy cerca, St. Stephen's Green invita a sentarse un rato entre patos y parterres.
La catedral de San Patricio, de la que fue deán Jonathan Swift, es la mayor iglesia de Irlanda. Reserva tiempo para Kilmainham Gaol, la antigua cárcel donde fueron ejecutados los líderes del Alzamiento de Pascua de 1916: la visita ayuda a comprender la historia del país y deja huella. La calle O'Connell conserva en la Oficina General de Correos la memoria de aquella rebelión.
La Guinness Storehouse explica la elaboración de la cerveza negra y termina en un bar acristalado con vistas a toda la ciudad. Temple Bar es el barrio más animado, aunque también el más turístico; para una noche de música tradicional, merece la pena probar otros pubs del centro. Pide un irish stew o una crema de marisco y deja que la velada se alargue.
Un tren de cercanías te lleva a Howth, un pueblo pesquero con paseos por acantilados y marisco fresco. Si dispones de más tiempo, una excursión de un día te acerca a los acantilados de Moher, en la costa oeste, o a Wicklow y sus montañas. Irlanda es verde por algo, así que lleva chubasquero en cualquier estación. Mayo y septiembre suelen ser agradables, y el 17 de marzo la ciudad se vuelca con San Patricio.