España
Murallas, casas sobre el río Onyar y barrio judío. Descubre qué ver en Girona y en una provincia que va de la Costa Brava al Pirineo.
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Alojamiento
Las casas de colores reflejadas en el río Onyar son la postal, pero Girona se disfruta sobre todo por dentro: escaleras, callejas medievales y una provincia que va de los Pirineos a la Costa Brava, con volcanes y pueblos de piedra por el camino.
Empieza en el puente de hierro de Les Peixateries y cruza al Barri Vell. La escalinata de la catedral, con una de las naves góticas más anchas del mundo, impresiona incluso a quienes reconocen sus escenarios por Juego de Tronos. El Call, uno de los barrios judíos mejor conservados de Europa, teje pasadizos estrechos llenos de historia, y los Baños Árabes y el paseo por la muralla ofrecen otra perspectiva de la ciudad. En mayo, el festival Temps de Flors llena de flores patios y monumentos.
Besalú te recibe con su puente románico fortificado sobre el Fluvià, y guarda rarezas como un museo de miniaturas. Pals y Peratallada, en el Baix Empordà, son dos joyas de piedra ideales para combinar en un día. Más al interior, Rupit se asoma sobre una roca, y la Garrotxa suma volcanes apagados y hayedos como la Fageda d'en Jordà, preciosa en otoño.
Calas de agua clara y pinos, pueblos blancos y rutas por el Camí de Ronda: Tossa de Mar, con su recinto amurallado, Calella de Palafrugell y Cadaqués son sus nombres propios. Este último te acerca a Portlligat, la casa de Dalí, y al cabo de Creus. El Teatro-Museo de Figueres completa la ruta surrealista, y en L'Escala encontrarás anchoas excelentes y las ruinas grecorromanas de Empúries.
Prueba el suquet de pescado, el arroz de Pals y el xuixo, el dulce frito relleno de crema de Girona. Mayo, junio y septiembre son los mejores meses: buen tiempo, mar templado y sin el gran tumulto veraniego. En agosto conviene madrugar para encontrar sitio en las calas.