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El acueducto romano, el Alcázar y su catedral hacen de Segovia una escapada perfecta desde Madrid. Descubre qué ver y qué probar en la ciudad.
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De Segovia a Miami
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Pocas ciudades reciben al viajero con una imagen tan rotunda. Segovia, encaramada sobre un espolón rocoso entre los ríos Eresma y Clamores, es Patrimonio de la Humanidad y una de las escapadas más agradecidas desde Madrid. Un día da para lo esencial; dos, para disfrutarla con calma.
Comienza en la plaza del Azoguejo, a los pies del Acueducto: sus arcos romanos de granito, sin argamasa, llegan a superar los 28 metros de altura. Sube por las escaleras hasta el mirador y sigue por la calle Real, con la Casa de los Picos y sus muros de piedras en punta. Llegarás a la Plaza Mayor, dominada por la Catedral, la última gran catedral gótica de España, llamada «la Dama de las catedrales» por su esbeltez.
El Alcázar parece la proa de un barco sobre el valle, y sus torres puntiagudas son inconfundibles. Dentro te esperan artesonados mudéjares, la sala de los Reyes y la subida a la torre de Juan II, con una panorámica enorme. Vuelve por la antigua judería, cuyas callejuelas conservan el recuerdo de la vida sefardí. Para la mejor foto del Alcázar, baja a la pradera de San Marcos, junto a la iglesia templaria de la Vera Cruz.
El cochinillo asado es la gran tradición: tan tierno que se corta con el canto de un plato. Acompáñalo con judiones de La Granja y remata con ponche segoviano. Si dispones de tiempo, acércate al Palacio Real de La Granja, con sus jardines y fuentes de inspiración versallesca, o a Pedraza, villa medieval amurallada, con una plaza porticada y un ambiente que invita a quedarse.
Cualquier estación tiene encanto. El otoño tiñe los alrededores del Eresma, y una nevada sobre el Acueducto es un espectáculo. En invierno lleva abrigo, porque la ciudad está a unos mil metros de altitud y el aire de la sierra se nota. Las conexiones en tren de alta velocidad facilitan la visita.