Escocia
Edimburgo, las Tierras Altas, el lago Ness y la isla de Skye forman la Escocia de las leyendas. Descubre qué ver, sus castillos y sus rutas del whisky.
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Empieza por lo alto: el castillo de Edimburgo domina la ciudad desde una roca volcánica y custodia las joyas de la corona escocesa. De allí baja la Royal Mile, con sus callejones estrechos, hasta el palacio de Holyrood. Reserva una mañana despejada para subir a Arthur's Seat, un antiguo volcán en plena ciudad, y pasea después por la elegante Ciudad Nueva georgiana.
Más al norte, el paisaje se vuelve inmenso. El valle de Glencoe, entre laderas abruptas y cascadas, es uno de los tramos de carretera más sobrecogedores de Europa. En la isla de Skye te esperan las formaciones del Quiraing, el Old Man of Storr y las pozas cristalinas de las Fairy Pools. De camino, para en el castillo de Eilean Donan, sobre un islote unido a tierra por un puente, y en el viaducto de Glenfinnan, que muchos reconocerán por las películas de Harry Potter.
Navega por el lago Ness y contempla las ruinas del castillo de Urquhart, aunque no aparezca Nessie. Visita una destilería en Speyside o en la isla de Islay, donde el whisky adquiere un inconfundible aroma a turba, y prueba el haggis en un pub con música en directo. Si te gusta caminar, el West Highland Way une las afueras de Glasgow con Fort William a lo largo de varios días.
De mayo a septiembre los días son larguísimos, aunque en verano los mosquitos diminutos llamados midges pueden resultar muy molestos en el oeste, así que lleva repelente. Lo más cómodo es alquilar un coche: recuerda que se conduce por la izquierda y que muchas carreteras de las Highlands tienen un solo carril con apartaderos. Calcula tiempos generosos, porque cada curva invita a parar, y lleva siempre chubasquero: aquí el tiempo cambia en minutos.